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II Guerra Mundial - Personajes
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    Hiro-Hito

   (Tokio 1901-íd. 1989) Emperador de Japón. Hijo y sucesor de Yoshi-Hito (1879-1926), y 124º emperador de la dinastía de Jimmu. A los veinte años de edad, asumió la regencia del imperio por enfermedad de su padre. Ascendió al trono en 1926 y su reinado, que recibió el calificativo inaugural de Showa («Paz y armonía»), se caracterizó por una política expansiva y militarista. En 1924, se casó con la princesa Nagako Kuni, con la que tuvo seis hijos, entre ellos Aki-Hito, nombrado príncipe heredero en 1952, y que habría de ser su sucesor. Mostró en sus estudios un gran interés por la biología marina, llegando incluso a instalar un laboratorio en el recinto del palacio de Aoyama y a publicar varios libros de carácter científico sobre el tema.

   Las tropas niponas ocuparon Manchuria en 1931, creando un año después Manchukuo, regido por el emperador títere Pu Yi, e intervinieron militarmente en China en 1932 y 1937. Japón se retiró de la Sociedad de Naciones en 1933, y su agresiva política en el Pacífico culminó en la guerra contra las potencias aliadas iniciada con el ataque aeronaval a la base militar estadounidense de Pearl Harbor, en las Hawai, sin previa declaración de guerra (1941). Ante el cariz negativo que tomaba la situación bélica en el Pacífico desde 1944, Hiro-Hito emprendió a principios de 1945 ciertas iniciativas destinadas a la firma de la paz pero, dominado por los sectores militaristas y agresivos que se obstinaban en continuar la guerra hasta el final, y ante la desconfianza del Pentágono norteamericano, se vio obligado a renunciar a ellas. Después de la explosión de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, con el país exhausto y desangrado, Hiro-Hito rompió una tradición secular de silencio imperial al anunciar por la radio a sus súbditos la rendición de Japón, el 15 de agosto de 1945.

   En virtud de la Constitución de 1946, dejó de ser monarca absoluto y emanación de la divinidad, para quedar reducido a unas atribuciones meramente representativas. Rompió otra tradición al convertirse en el primer emperador que viajó fuera de las fronteras de su país (en 1971 a Europa, y en 1975 a Estados Unidos). Durante su largo mandato como monarca constitucional, pudo ver cómo Japón se recuperaba de las heridas de la guerra y protagonizaba un impresionante desarrollo industrial, hasta convertirse en una de las primeras potencias económicas y financieras del planeta.

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